PROHIBIDO
QUEJARSE
Pensaba que mi vida no iba
bien. Sentía que algo siempre me faltaba. Entonces hablé con Dios.
- Me quejé de lo que me salió mal en el trabajo, pero no agradecí las manos que tengo
para trabajar.
- Me quejé de tener que soportar el ruido de mis hermanos, pero no agradecí por tener
una familia.
- Me quejé cuando no tenía lo que más me gustaba para comer, pero olvidé agradecer el
hecho de tener qué comer.
- Me quejé por mi salario, cuando miles ni siquiera tienen uno por estar parados.
- Me quejé porque no apagaban la luz de mi cuarto al salir, pero no pensé en que muchos
no tienen hogar donde tener alguna luz encendida.
- Me quejé por no poder dormir un poquito más, olvidando a quienes darían todo por
tener su cuerpo sano para poder levantarse.
- Me quejé porque mi madre me reprendía, cuando millones desearían tenerla viva para
poder honrarla y abrazarla.
- Me quejé porque no tenía tiempo, cuando me solicitaron dar una charla sobre Jesús,
olvidando el privilegio que es poder hablar a otros de su infinito amor.
Dios me iluminó en esa conversación y entonces comprendí mi egoísmo y lo ingrato que
he sido con Él. Fue cuando entonces comencé a agradecerle todas las cosas que había
olvidado, y aún más de aquéllas por las que tanto me quejaba.
Recuerda este proverbio: "Pobre del que, al final del día, no sepa qué agradecer ni
a Quien".
¡Que Dios bendiga tu día! Y ya sabes... ¡no te quejes!
Volver a la página principal de Web Católico de Javier
Desde el 5 de Octubre de 1998, usted es el visitante nº del Web Católico de Javier